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La pobreza da la cara en Tetuán

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04/08/2014 Reportaje publicado por Ray Sánchez en la sección Madrid del diario El Mundo: http://www.elmundo.es/madrid/2014/08/03/53dea292ca4741f94d8b4583.html

Hace unas semanas, las calles del madrileño distrito de Tetuán (152.523 habitantes) aparecieron empapeladas con los retratos de cinco mujeres. Todas eran vecinas del barrio y posaban con el semblante serio. Cada fotografía iba acompañada de una frase. «Soy una de las 5.000 familias que será desahuciada en Tetuán», se leía en uno de los carteles. En otro, una señora de ojos tristes tasaba su precariedad de pensionista, desvelando que sobrevive con 339 euros al mes. Demasiado crudo para tratarse de una campaña comercial. Tan crudo que es real.

«Oyes a algunos políticos decir que estamos saliendo de la crisis, como si no existiera esta realidad, pero esto es lo que pasa en la calle». Habla Víctor, uno de los vecinos que están detrás de Invisibles de Tetuán, una iniciativa que surge de la Asamblea Popular del 15-M y ha echado raíces en el centro social La Enredadera al calor de experiencias como la lucha contra los desahucios y la despensa de alimentos del barrio, donde participan más de un centenar de personas.

«Aquí la gente se organiza para recoger la comida que necesita, no se trata de algo caritativo, sino una respuesta colectiva», cuenta Carmen, otra de las activistas. «Siempre hemos tenido comida suficiente para repartir a todas las familias», dice resaltando la solidaridad vecinal en este populoso rincón de la capital. «Al principio la gente venía aquí con problemas de vivienda», añade Víctor. «Pero eso es sólo la punta del iceberg, porque si no tienen para pagar la casa, seguramente tampoco les alcanza para pagar la luz, los medicamentos o los libros del colegio de los niños. Cuando no hay dinero, todo en la vida es precario. Y la pobreza es una vulneración de los derechos más elementales».

Según la estimación de este grupo de vecinos, una quinta parte de los hogares de Tetuán está en riesgo de pobreza, y el 5 por ciento en situación de extrema pobreza, aproximadamente 7.800 personas. «Hay gente que ni puede salir del barrio, porque no tiene ni para comprarse un Metrobús», asegura Víctor. Hace unos meses, él y otros compañeros acudieron a la Junta de Distrito como representantes del banco de alimentos. «Nos dijeron que la gente ya no estaba tan mal. Fue entonces cuando empezamos a hacer esto. Para demostrar que la pobreza es real hay que visibilizarla».

'Las mujeres son más valientes'

Con la intención de ponerle rostro a las cifras, cinco mujeres habituales en las reuniones de La Enredadera se ofrecieron a dar la cara. «No es casualidad que sean mujeres, son más valientes», dice Víctor, elogioso, ante Juana y Silvia, madre e hija, de 37 y 73 años respectivamente. Desde la pegada de carteles, han dejado de ser invisibles para el barrio.

Silvia, que tiene dos niñas pequeñas, es la más joven de las cinco mujeres retratadas. Posó con mirada dura y piercing en la boca. «Soy una de las 23.000 personas de Tetuán que o como o pago la luz y el agua», anunciaba el mensaje inscrito en su cartel. Una ecuación que dominaba su vida entonces, cuando todavía tenía trabajo como cajera en un supermercado. Con la nómina de 700 euros apenas podía pagar el alquiler del piso donde vivía con su chico, en paro, y las niñas. Hace un mes perdió el empleo y en su nuevo hogar, un piso okupado, no entra ningún ingreso. «No tenemos agua caliente, nos bañamos como antes, con un barreño. Y gracias a mi madre que comemos».

Pero a su madre, Juana, tampoco le salen las cuentas. No hay matemáticas que cuadren los 600 euros que recibe como pensión de viudedad con todas las bocas que tiene que alimentar. Porque con ella vive su otra hija, Susana, trabajadora de limpieza desempleada desde hace un año, y una nieta de 17 años.

Por si fuera poco, su casa de la calle Pinos Baja está pendiente de una expropiación forzosa por el proyecto de reordenación del Paseo de la Dirección. Y la indemnización tendrá que repartirla con los herederos de sus cinco hermanos. «Y andan como lobos», apunta esta ama de casa, toda la vida en el barrio, que trabajó cosiendo pantalones en un comercio de Bravo Murillo. «Yo he tocado muchas braguetas», dice la mujer provocando risas a su alrededor. «Pero es verdad, fui pantalonera».

El mensaje de cartel de Juana sale de su propia boca. «Con mi pensión de 600 euros malvivimos mis hijas y mis nietas». La abuela relata como algunos meses no le alcanza para pagar las facturas. «La última vez que le cortaron el agua, además le hicieron pagar 68 euros para reenganchar el suministro», denuncia su hija.

Ninguna de las dos tuvo reparos en posar ante la cámara y exhibir sus problemas económicos. «Lo que me dio corte fue salir luego en la tele», admite Silvia con un poco de rubor. Porque la iniciativa ha trascendido el barrio. «Sólo han recibido felicitaciones», hace saber Víctor. «En el supermercado me lo decían los clientes, que había mucha gente como yo y hacía bien en dar la cara para que los demás no se sientan solos».

Para Silvia, ésa es la clave de la iniciativa Invisibles Tetuán, convertida en un grupo de apoyo mutuo que se reúne semanalmente para buscar soluciones colectivas a problemas personales. «La única forma de lucha es todos juntos. Yo ahora me siento respaldada y me siento fuerte», proclama.

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