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Sistemas fiscales y sanitarios equitativos para romper el binomio Mujer y Pobreza

Enlazamos 3 efemérides: el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, el 3 de abril Día por la Eliminación de los Paraísos Fiscales y el 3 de mayo Día de la Madre

30/03/2021 | EAPN

Enlazamos 3 efemérides: el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, el 3 de abril Día por la Eliminación de los Paraísos Fiscales y el 3 de mayo Día de la Madre. Son conmemoraciones que abordamos desde la perspectiva de la justicia social; fechas clave para las que sugerimos, ahora que vienen unos días de vacaciones, la lectura de dos pequeños tesoros bibliográficos, editados recientemente por EAPN-ES, que analizan la forma de superar el incierto camino que para las mujeres ha dejado la crisis social tras la pandemia.

La publicación Género y Pobreza: Determinantes sociales de la salud y el acceso a servicios sociosanitarios de las mujeres y el estudio sobre Fiscalidad Justa como herramienta de lucha contra la pobreza y la exclusión social no sólo describen la realidad sociosanitaria en la que viven muchas mujeres en situación de mayor vulnerabilidad y sus familias en España, sino que nos dan pistas muy claras sobre los pasos que ayudarían a generar nuevas sendas de progreso desde la equidad y la justicia social para superar el binomio ‘Mujer y Pobreza’.

Lo hemos dicho de mil formas: ‘La pobreza tiene cara y nombre de mujer’ y tenemos claro que hay contextos que parten con mayores desventajas, pero pocos argumentos son más esclarecedores como los que presentan estos estudios tan necesarios dada la escasez de datos desagregados por género con los que contamos generalmente en las estadísticas oficiales.

Las desigualdades de género que atraviesan todos los ámbitos de la sociedad se han agravado con la pandemia del COVID-19. La salud de las mujeres y los hombres es diferente no sólo por motivos biológicos, también por motivos sociales y económicos atribuibles a la desigualdad de género. Y estas desigualdades en la salud agrandan a su vez las desigualdades socioeconómicas en un círculo de pobreza del que resulta difícil salir.

El estudio Género y Pobreza: Determinantes sociales de la salud y el acceso a servicios sociosanitarios de las mujeres se estructura en tres partes. En la primera, “Desigualdad de género en Salud y Sanidad”, se analizan temas como la autopercepción del estado de salud; las enfermedades y determinantes de salud comunes, pero con impacto diferenciado en las mujeres; la salud sexual y reproductiva; las enfermedades altamente feminizadas; los trastornos e incidencia de enfermedades derivados de la brecha de género en la atención sanitaria y de las desigualdades interseccionales como la pobreza, la monoparentalidad o la discapacidad, entre otros; la salud mental; la sanidad como institución generizada y el impacto de la pandemia.

La segunda parte de este estudio, detalla los resultados de una encuesta realizada a más de 250 mujeres atendidas por entidades sociales de toda España que proporciona información sobre la situación de salud y la experiencia de atención sanitaria, así como las desigualdades percibidas y que viven las mujeres atendidas por entidades sociales.

La última parte de este estudio contiene las líneas estratégicas y propuestas planteadas tanto por la Organización Mundial de la Salud para integrar el análisis y las acciones de género en su trabajo, como las observaciones de la Unión Europea y sus Estados miembros. También se concretan las recomendaciones de la EAPN-ES al Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud y las propuestas planteadas por las mujeres encuestadas en el estudio.

La EAPN-ES plantea 46 recomendaciones en materia de investigación, ámbito laboral, sector sociosanitario, salud sexual, salud reproductiva, servicios sociosanitarios con perspectiva de género y enfoque interseccional, discapacidad, adicciones y situación familiar (monoparental, mujeres solas o familias numerosas).

Del casi medio centenar de recomendaciones de la EAPN-ES destacan propuestas como invertir recursos suficientes para la investigación científica con el fin de descubrir las curas y los tratamientos para enfermedades que afectan a las mujeres y para los problemas de salud que tienen un impacto diferencial en las mujeres; analizar los factores generadores de estrés entre las personas trabajadoras con perspectiva de género a fin de desarrollar medidas para erradicarlos; erradicar la brecha salarial de género que afecta a las mujeres que trabajan en el sector sanitario; garantizar los derechos a la salud sexual y reproductiva de las mujeres en situación de pobreza y establecer la coordinación del sector sanitario con el sector educativo para incluir la educación en sexualidad en el currículum a lo largo de todas las etapas.

Asimismo, recomiendan establecer equipos multidisciplinares (sociales, sanitarios y educativos) con perspectiva intercultural para atender integralmente las situaciones de diversidad y detectar problemas de violencia, adicciones, depresión, ideación suicida, necesidad de programas de respiro, entre otros.

Estudiar y conocer qué es lo que necesitan las mujeres con discapacidad en los temas de salud, de acuerdo con sus diversas circunstancias; rediseñar los recursos y programas de adicciones actuales para que se adapten a las necesidades de las mujeres e incorporar un enfoque integral, con perspectiva de género dentro de los programas de salud, para tener en cuenta el modelo de familia (monoparental, mujeres solas, familias numerosas), los condicionantes socioeconómicos y la interseccionalidad, son otras de las principales propuestas que se destacan.

¿Y si empezamos por el IVA de las compresas?

Y en este preocupante contexto de desigualdad social y sanitaria en el que nos ha colocado la pandemia, qué duda cabe que el modelo de sistema fiscal tiene una función determinante, pues hay que movilizar recursos públicos para minimizar el enorme impacto de la crisis económica.

Del estudio sobre Fiscalidad Justa como herramienta de lucha contra la pobreza y la exclusión social se desprenden algunas cuestiones que podríamos creer obvias y otras que no lo son tanto. Es necesario contar con recursos suficientes, sobre todo de las personas que no contribuyen de acuerdo a su capacidad económica, además de luchar contra el fraude fiscal y la economía sumergida. En términos de presión fiscal, España está 4,8 puntos por debajo de la media de la Unión Europea, lo que significa que perdemos alrededor de 60.000 millones de recaudación por ese diferencial.

El Fondo Monetario Internacional recomienda que los países con limitada recaudación fiscal y elevado endeudamiento deben proteger la inversión pública y a los hogares con menos ingresos con impuestos progresivos que aseguren un gravamen adecuado a las grandes corporaciones para un ajuste ‘equitativo y favorable’ al crecimiento.

El estudio defiende que para implementar un sistema tributario justo y suficiente en España habría que reducir la diferencia de presión fiscal respecto a la UE y dotar de mayor progresividad al sistema, así como reducir la evasión y el fraude fiscal, establecer mecanismos de control sobre el gasto, además de analizar la rentabilidad de las bonificaciones y reducciones para ver si cumplen la finalidad por las que fueron creadas, eliminando las que generan desigualdades en las personas y/o colectivos en situación de mayor vulnerabilidad.

Pero la reforma del sistema se ha diseñar con perspectiva de género y ha de recoger la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Y en ese sentido, el estudio realiza un análisis pormenorizado de las diferencias significativas en función del género de los principales impuestos del sistema tributario en España.

Desgrana el impacto de género en la fiscalidad desde la perspectiva de la renta y el empleo en las mujeres, así como desde el punto de vista del impuesto sobre la renta de las personas físicas o del impuesto sobre el valor añadido. Hace hincapié en la brecha salarial y en la hegemonía femenina en el empleo precario. También aborda la mayoritaria concentración de mujeres en los niveles inferiores de renta, el sistema de IRPF que no tiene en cuenta la diversidad de unidades familiares existentes y, finalmente, las desigualdades que sufren las mujeres en el IVA.

Entre las consideraciones señaladas por EAPN-ES destacan una política fiscal que tienda a reducir la presión fiscal a trabajadores y trabajadoras con bajos salarios y a quienes soporten mayores cargas familiares; así como la aplicación de unos tipos de IVA más reducidos para las familias monoparentales (en el 80% de los casos el progenitor es una mujer), en función de sus ingresos, para que los bienes y servicios esenciales no tengan para ellas efectos regresivos.

Otra de las desigualdades de género en el IVA que señala el estudio son los tipos aplicables a los productos de higiene personal, que deberían ser gravados a un tipo reducido como los productos considerados de primera necesidad.  Esto ya se aplica en Canarias donde se adquieren los artículos femeninos sin gravamen desde 2018, medida que afecta tanto a la compra de compresas, como de tampones, salvaslips, copas menstruales y compresas ecológicas. Otro ejemplo son Ceuta y Melilla, donde estos productos de higiene tributan al 7%. Asimismo, en Alemania se ha reducido recientemente el impuesto también al 7%.

Por tanto, parecería lógico que mientras revisamos y engrasamos el nuevo marco general para un sistema fiscal justo, equitativo y eficaz pudiéramos dar el primer paso por lo que pareciendo nímio no lo es, como es el precio de los productos de higiene femeninos. Tenemos ejemplos territoriales que podrían replicarse en el resto de Comunidades Autónomas.

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