¿QUÉ ES LA APOROFOBIA?

La aporofobia es el rechazo, miedo u odio hacia las personas pobres por el simple hecho de serlo. No se trata solo de una actitud individual, sino de una disfunción social que influye en la manera de pensar, de hablar y de actuar, y que refuerza la discriminación que sufren quienes se encuentran en situación de pobreza o exclusión social.

El término fue acuñado en los años 90 por la filósofa Adela Cortina, con el objetivo de diferenciar este fenómeno de la xenofobia. Para construir la palabra recurrió a los términos griegos áporos (sin recursos) y fobos (miedo, rechazo). En 2017, el concepto ganó visibilidad con la publicación de su libro Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia. Ese mismo año, la palabra fue incorporada al diccionario de la Real Academia Española y reconocida como palabra del año por la Fundación del Español Urgente.

Nombrar esta realidad supuso un paso clave: lo que no se nombra, no se reconoce; y lo que no se reconoce, no se puede combatir.

Una discriminación todavía invisibilizada

A pesar de los avances en su reconocimiento, la aporofobia sigue siendo una forma de discriminación poco identificada a nivel social, institucional y legislativo. Sin embargo, sus efectos son profundos y cotidianos.

El relator especial de Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, Olivier De Schutter, ha advertido que la aporofobia es tan tóxica y perjudicial como el racismo o el sexismo, y que los Estados deberían tratar la discriminación por origen socioeconómico como un motivo específico dentro de sus marcos de protección frente a la discriminación. Además, subraya la importancia de la interseccionalidad, ya que la pobreza a menudo se cruza con otras desigualdades como el género, la etnia o la discapacidad.

¿Cómo se manifiesta la aporofobia?

La aporofobia puede adoptar muchas formas, desde las más sutiles hasta las más violentas:

También se expresa a través de discursos aporofóbicos, que criminalizan la pobreza y difunden estereotipos como que las personas en situación de vulnerabilidad son “vagas”, “aprovechadas” o “culpables” de su situación.

Mitos que alimentan la aporofobia

Una de las raíces de la aporofobia es una visión distorsionada de la meritocracia, que atribuye la pobreza exclusivamente a decisiones individuales o a la falta de esfuerzo. Esta idea ignora que los principales factores que influyen en el riesgo de pobreza suelen estar fuera del control de las personas, como:

  • El nivel de ingresos del hogar de origen
  • El país o entorno en el que se nace
  • El acceso a educación y oportunidades
  • La salud y las redes de apoyo

Cuando la pobreza se interpreta como un “fracaso personal”, se justifica el rechazo social y se diluyen las responsabilidades políticas, económicas y colectivas necesarias para garantizar derechos y oportunidades.

Aporofobia institucional y mediática

La aporofobia no solo se da en el ámbito interpersonal. También puede estar presente en las instituciones y en los discursos públicos.

Se habla de aporofobia administrativa cuando prejuicios y estereotipos influyen en decisiones o prácticas institucionales, generando barreras para que las personas accedan a ayudas y servicios a los que tienen derecho. Esto puede derivar en fenómenos como el non take-up: personas que cumplen los requisitos para recibir una prestación, pero no acceden a ella por trabas burocráticas, desinformación o trato discriminatorio.

Por su parte, algunos discursos mediáticos y en redes sociales refuerzan la estigmatización al:

Estos relatos no solo dañan la dignidad de las personas, sino que también debilitan el apoyo social a las políticas de protección y al Estado de bienestar.

Una cuestión de derechos humanos

La aporofobia es, ante todo, una vulneración de derechos humanos. Atenta contra la dignidad de las personas y afecta a su acceso efectivo a derechos básicos como la vivienda, la salud, la educación, la protección social o la participación.

Además, genera un profundo impacto emocional: sentimientos de vergüenza, culpa, miedo e invisibilidad que refuerzan la exclusión social.

Combatir la aporofobia no es solo una cuestión de convivencia, sino de justicia social y calidad democrática. Reconocerla, nombrarla y denunciarla es un paso esencial para construir una sociedad donde todas las personas, con independencia de su situación económica, sean tratadas con igualdad, respeto y dignidad.

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